Ni amigos para siempre, ni enemigos
Muchos espanyolistas han picado y han caído en una trampa tendida por los propagandistas del pensamiento único azulgrana, el obsesionarse con el Real Madrid. Este club no es rival nuestro, ni ciudadano ni por objetivos deportivos, es la obsesión del Barça, que ha conseguido que también lo sea de muchos compañeros de grada blanquiazul. Muchos pericos están tan pendientes de desmarcarse del equipo merengue que pierden tiempo y energías en justificar algo que no tiene sentido.
La propaganda barcelonista, con el apoyo interesado de la prensa de Madrid, han difundido mitos como el del “Minibernabéu” los “amigos para siempre” y el “filial blanco en Barcelona”. Mentiras que nunca tuvieron sentido, salvo por los intereses de los dos grandes del fútbol español. Es lógico que el Barça, dentro de su campaña de intentar anular a todo lo que le pueda hacer sombra nos intente poner la etiqueta de colegas del Realísimo. Primero nos definen como “malos catalanes” y luego como “cómplices” del equipo que, según ellos, representa el centralismo y todos los males del universo. No dejemos que nos dividan con el tema del Madrid. Lo que le pase a los blancos no es nuestro problema, son los culés los que están obsesionados con lo que pase en el Bernabéu.
Y la maquinaria de propaganda madridista siempre está a la busca de nuevos aliados para su Madrid, para demostrar que es la entidad más admirada del universo, tanto en las Españas como en el resto del planeta. De acuerdo, tenemos el mismo rival, pero nada más. A fin de cuentas, tanto merengues como culés tienen más en común, que nosotros con los madridistas. Estos dos equipos se reparten el pastel de la Liga y de los derechos televisivos y buscan dejar lo menos posible para el resto. Cuando les interesa, y pasa con mucha frecuencia, se alían para defender sus intereses comunes.
No hemos de caer en esa trampa y hemos de olvidarnos de ellos. El Madrid no es nuestro amigo, ni nuestro rival deportivo, simplemente es un equipo al que nos gusta ganar porque es uno de los poderosos del fútbol mundial, y una victoria contra ellos sabe mejor que si ganamos a un modesto recién ascendido. Pero nada más. Lo mejor es no estar pendientes de ellos, de la misma manera que no nos conviene estar siempre al tanto de lo que hacen los barcelonistas.
Cuando los madridistas vengan a nuestro estadio, no les hemos de tratar ni con deferencia ni con hostilidad. No hemos de querer demostrar a los culés cuanta manía les tenemos, ni hemos de recibirlos con halagos para que se vea cuanta manía les tenemos a los barcelonistas. Hemos de salir a ganar por el prestigio que nos dará una victoria contra ellos y por sumar tres puntos más, y si beneficia al Barça, pues mala suerte.




